Un alcohólico ayuda a otro
Es el fundamento del programa. Quien ya logró mantenerse sobrio transmite a quien recién llega lo que le funcionó.
Si beber dejó de ser una decisión y ya te está costando la salud, la familia o el trabajo, aquí hay personas que vivieron lo mismo y hoy están sobrias. No necesitas dar tu apellido, ni pagar nada, ni tener claro qué decir.

Es la frase que más escuchamos, y casi siempre la dijimos nosotros mismos antes de llegar. Nadie llega aquí con la vida ordenada: se llega cansado, con vergüenza, con deudas, con relaciones rotas o simplemente con la sensación de que algo no está bien.
Lo importante no es cuánto bebes ni desde cuándo. Lo importante es si el alcohol ya te está quitando cosas que te importan. Si la respuesta te inquieta, vale la pena conversarlo.
No necesitas un diagnóstico para pedir ayuda. En A.A. nadie te va a preguntar cuánto bebes ni va a decidir si tu caso «califica». Si sientes que el alcohol te está ganando, ya es razón suficiente para acercarte.
Sin respuestas correctas ni incorrectas. Nadie ve esto, solo tú.
Marca las que reconozcas. Si ninguna te suena, qué mejor.
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No se guarda ni se envía nada. Es solo para ti.
No hay doctores, ni pacientes, ni recetas. Hay hombres y mujeres que comparten su experiencia para ayudarse a mantenerse sobrios.
Es el fundamento del programa. Quien ya logró mantenerse sobrio transmite a quien recién llega lo que le funcionó.
No se pide edad, estudios, dinero ni religión. Tampoco se pide estar sobrio para entrar.
No hay cuotas ni honorarios. Y el anonimato protege a cada miembro: nadie sabrá que viniste si tú no lo cuentas.
El miedo más común no es al alcohol: es a no saber qué va a pasar. Esto es, paso a paso, lo que encontrarás.
No hay inscripción, ni lista, ni cuota. Puedes venir sin avisar, incluso si bebiste hoy. Alguien te recibe en la puerta y te ubica.
Se lee el Preámbulo, se comparte un tema y cada quien habla si quiere. Nadie te va a preguntar tu apellido ni por qué viniste.
En lo que cuentan los demás empiezas a verte. Es el momento en que muchos entienden que no están solos ni son un caso raro.
No te comprometes a nada. Si algo te sirvió, vuelves mañana. Si quieres, pides un teléfono y hablas con alguien entre reuniones.
Un local sencillo, sin letreros llamativos, en el corazón de José Leonardo Ortiz. Llegas, te sientas y escuchas.
Si prefieres, escríbenos antes por WhatsApp y alguien del grupo te espera en la puerta.
Son principios de naturaleza espiritual que, adoptados como forma de vida, liberan a la persona de la obsesión por beber. Se recorren con la ayuda de otro miembro, a tu propio ritmo.
Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.
Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio.
Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos.
Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.
Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano la naturaleza exacta de nuestros defectos.
Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de todos estos defectos de carácter.
Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos.
Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.
Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros.
Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.
Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla.
Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a los alcohólicos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos.
Estas doce promesas están en el Libro Grande de A.A. No son un discurso de venta: son lo que los miembros describen cuando llevan tiempo sobrios.
Los textos básicos de A.A. están disponibles de forma oficial. También contamos con ejemplares en el local para consultar durante la reunión.

El texto básico de A.A., publicado en 1939. Explica el programa de recuperación y reúne historias de personas que dejaron de beber.
Ver publicación oficial
Veinticuatro ensayos que explican, paso por paso, el principio de recuperación personal y el de la unidad del grupo.
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Un manual práctico que muestra, con ejemplos cotidianos, cómo los miembros de A.A. se mantienen sobrios un día a la vez.
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Una lectura breve para cada día del año, pensada para empezar la jornada con un pensamiento de recuperación.
Ver publicación oficialEn A.A. cuidamos el anonimato: compartimos estas experiencias sin nombres ni fotos, como lo hacemos en cada reunión.
Llegué sin poder parar de beber y sin creer que fuera posible. Hoy llevo años sobrio, uno a la vez, y volví a trabajar y a estar con mi familia.
No me preguntaron el apellido, ni cuánto bebía, ni por qué. Me preguntaron si quería dejar. Eso fue todo, y con eso bastó para empezar.
Lo que más me ayudó fue escuchar a alguien contar exactamente lo que yo vivía. Ahí entendí que no estaba solo y que sí se podía.
Mi esposa fue la que llamó. Yo entré sin ganas. Hoy agradezco cada día haber llegado a esa primera reunión.
Lo que casi todos preguntan antes de entrar por primera vez a una reunión.
Nada. Alcohólicos Anónimos es libre y gratuito. No hay cuotas, ni cuotas de inscripción, ni carnés. Nos mantenemos con las contribuciones voluntarias de nuestros propios miembros y no aceptamos aportes de fuera de la comunidad.
No. El único requisito para ser miembro de A.A. es el deseo de dejar de beber. Puedes llegar tal como estás, incluso si has bebido ese día o si tienes dudas sobre si el alcohol es realmente tu problema.
No. No hay registro, ni listas, ni fichas de asistencia. Puedes presentarte con tu nombre de pila, un apodo o simplemente no decir nada. Muchas personas prefieren permanecer en el anonimato y es absolutamente respetado.
Nadie fuera de la reunión. El anonimato es la base de nuestras Tradiciones: lo que se comparte en un grupo no sale del grupo, y ningún miembro puede revelar la presencia ni la identidad de otro.
No. A.A. no es una religión y no está afiliada a ninguna iglesia, partido político ni institución. El programa habla de un «Poder superior, como cada quien lo conciba». Entre nuestros miembros hay católicos, evangélicos, personas de otras creencias y personas sin ninguna religión, y todos son bienvenidos.
Sí. Puedes venir acompañado si eso te da tranquilidad. Además, en fechas especiales organizamos reuniones abiertas en las que pueden participar familiares y amigos interesados en entender mejor la enfermedad.
No. Puedes sentarte y escuchar todo el tiempo que necesites. Compartir es una invitación, nunca una obligación. Cuando te sientas listo, podrás hablar; y si nunca lo haces, también está bien.
Puedes volver. Aquí nadie lleva la cuenta ni juzga a nadie. La recaída es parte del recorrido de muchas personas que hoy están sobrias, y la puerta siempre está abierta para quien quiera intentarlo otra vez.
Información clara y sin dramatismos, para entender la enfermedad y saber cuándo pedir ayuda.
De una conversación entre dos hombres que no podían dejar de beber en Akron, Ohio, a una comunidad presente en casi todo el mundo. La historia real de A.A., sin mitos.
No hace falta tocar fondo para pedir ayuda. Estas son las señales físicas, emocionales y sociales que indican que el alcohol ya te está quitando más de lo que te da.
Dejar de beber es el primer paso; reconstruir el trabajo, la familia y los vínculos es el siguiente. Así se vive la reinserción social en Alcohólicos Anónimos.
No tienes que resolverlo solo ni estar seguro de nada. Escríbenos por WhatsApp o llámanos: te decimos dónde y cuándo llegar, sin compromiso.
Tu llamada es confidencial. No pedimos tu nombre completo ni tus datos.